Sobre mí

¿Quién soy y cómo he llegado hasta aquí?

Me recuerdo como una niña entusiasmada con la vida. Despertaba por las mañanas al primer aviso de mi madre y saltaba de la cama irradiando ilusión. Disfrutaba del colegio y de participar en un sinfín de actividades extraescolares. Fui cambiando a medida que me acercaba a la adolescencia. Sin darme mucha cuenta me alejaba poco a poco de mis necesidades, de mí misma, de averiguar quién quería ser y qué quería hacer con mi vida. Me convertí en una chica retraída y tímida que poco a poco se desconectó de toda aquella curiosidad e impulso vital tratando de pertenecer, buscando aceptación. Andando el camino de lo que creía que se esperaba de mí me perdí.

Ya era experta en ocultar mis deseos, opiniones, preocupaciones, dificultades e inquietudes. Era buena estudiante y empecé una carrera universitaria acorde con buenas calificaciones. Después de dos años abandoné (no me consideraba parte tampoco de ese lugar, no era como los y las demás) y me sentí al borde de un precipicio. El camino que había guiado mi vida, mi mundo conocido, de repente desaparecía. Ser buena niña, estudiar, sacar buenas notas para ir a la universidad…de repente se esfumó y yo solo sentía vacío, confusión y la angustia de no saber qué hacer. El camino conocido llegaba a su fin y la pregunta ¿Qué quiero hacer con mi vida? junto con la falta de respuesta me impulsaron a estudiar psicología.

 

Algo de curiosidad quedaba y el impulso de entenderme fue mi motor. Pensé en empezar un proceso terapéutico para mirar de frente y acompañada aquel abismo, pero no me atreví. ¿Reconocer que estaba perdida? ¡No!. Aquella tendencia a esconderme, a ocultar el malestar y la necesidad de apoyo externo y las sensaciones de fracaso y vergüenza, me llevaron a decidir no pedir ayuda e investigar por mi cuenta y huir. Compatibilicé trabajo y estudios en distintos países que me llenaban de experiencias, aprendí idiomas, conocí gente, pero la sensación de no pertenecer siempre me acompañó. La melancolía teñía mi vida de gris y no acaba de saber cómo salir de ahí. Fuera donde fuera había algo que siempre venía conmigo.

Hice mis prácticas fin de carrera en un centro de psicoterapia de orientación humanista (Gestalt) que parte de la base de confiar en que todxs nacemos con la capacidad de recuperar el equilibrio y el bienestar que en el proceso de hacernos personas adultas (y queridas), vamos perdiendo. Una mirada a la persona en su totalidad, más allá del síntoma en cuestión, que entiende la particular forma de salir adelante que cada persona ha puesto en práctica como la mejor o la que podía en cada momento y estimula nuevas formas más acordes con quienes somos de verdad y que nos permitan vivir felices, pese a los obstáculos y dolores que indudablemente forman parte de la vida.

Me enamoré de aquella manera de entender la psicología en particular, y la vida en general, y me formé. Ésta es hoy mi herramienta principal. La que a mí me ha servido para volver a saber lo que siento, lo que pienso y lo que quiero hacer con eso. La que me ha devuelto la vitalidad, la espontaneidad y la ilusión de aquella niña y las ganas de acompañar a personas que pasan por la vida tímidamente a pesar de contar con algo bonito con lo que enriquecer sus entornos (familia, vecindario, compañerx de trabajo, de clase, etc) y así mismas y que tienen la sensación de vivir inhibidas, de contener sus impulsos y controlar sus emociones en un intento de evitar un rechazo que en el fondo, se están procurando a sí mismas. Así como yo he sido acompañada en mi formación, yo quiero acompañarte a ti a brillar, a hacer grande lo pequeño, a disfrutar del amor propio y hacia los demás, cambiar el gris por los colores, a atreverte al fin y al cabo, a conocerte y ser quién eres.

María Jesús Campo. Psicóloga